Seguridad Vial


EN LA VIA , TU VIDA IMPORTA



 En el barrio Los Girasoles, donde las casas eran coloridas y las tardes se llenaban de risas, todos se conocían. Por la calle principal pasaban buses, motos, bicicletas y muchos niños que iban y venían del colegio. Allí vivían Tomás, un niño curioso que amaba montar bicicleta; Luna, su mejor amiga, muy responsable y observadora; y Don Ernesto, un conductor de bus con muchos años de experiencia, pero ya acostumbrado a la rutina.

Cada mañana, Tomás salía en su bicicleta sin casco porque decía que “solo era un momentico”. Luna siempre le insistía:
Tomás, ponte el casco y respeta los semáforos.
Pero él respondía riendo:
No pasa nada, yo sé manejar.

En el barrio también había un cruce peligroso. Aunque tenía señal de PARE, muchos conductores no la respetaban. Don Ernesto, apurado por cumplir el horario, a veces pasaba sin detenerse completamente, convencido de que “mirar rápido era suficiente”.

Un día, todo cambió.

Era una tarde lluviosa. Tomás iba en su bicicleta pensando en llegar rápido a casa. El semáforo estaba en rojo, pero decidió cruzar. Al mismo tiempo, Don Ernesto se acercaba al cruce sin frenar del todo. En segundos, ocurrió lo impensable: un fuerte golpe, gritos, silencio…
Tomás quedó herido en el asfalto. El barrio entero se detuvo. Sirenas, lágrimas y miedo llenaron la calle que antes estaba llena de vida.

Tomás sobrevivió, pero pasó semanas en el hospital. Don Ernesto, devastado, no dejaba de repetir:
Si hubiera frenado… si hubiera respetado la señal…

Ese accidente fue una herida profunda para todos. Nadie volvió a ver la calle de la misma manera.

Cuando Tomás regresó al barrio, con una cicatriz que contaba su historia, algo diferente nació. Junto con Luna, Don Ernesto, los vecinos y el colegio, crearon la campaña “En la vía, tu vida importa”. Pintaron pasos peatonales, repararon señales, repartieron cascos, enseñaron a los niños y recordaron a los adultos que las normas no están para castigar, sino para proteger.

Don Ernesto fue el primero en dar el ejemplo: ahora siempre se detenía, saludaba a los peatones y decía:
Prefiero llegar tarde que no llegar.

Tomás nunca volvió a montar bicicleta sin casco. Y Luna, orgullosa, entendió que hablar y prevenir también salva vidas.

Desde entonces, en Los Girasoles aprendieron algo que nunca olvidaron:

La seguridad vial no es solo una norma, es un acto de amor por la vida propia y por la de los demás. Respetar una señal puede parecer pequeño, pero puede marcar la diferencia entre volver a casa o no hacerlo jamás.

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